Salimos de casa de Zato con dirección a la boca de metro más cercana, una vez entrado, nos sentamos esperando al suburbano con impaciencia. Mientras, los nervios se fueron apoderando de nosotros y empezaron los juegos y las peleas típicas previas a la fiesta (o a un posible coqueteo, pero éste no era el caso).
El tren llegó y nos presentamos en la zona en lo que tarda un conejo en copular. Subiendo hacia la luz de la calle, descubrimos el Autoworld Museum. Zato nos había comentado que se podía ir disfrazado de cualquiera de los personajes que se encontrara en “La divina comedia” de Dante. Mi idea inicial, era llevar mi disfraz de loro de los carnavales anteriores, pero debido a que en el bolso de mano no entraba y que no tenía nada que ver con ninguno de los personajes, desistí.
El sitio estaba situado en el Parque del Cincuentenario entre las estaciones de metro Schuman y Merode, una zona prestigiosa para realizar una fiesta. La gente se acercaba en taxi, en contraste con el medio ordinario que empleamos nosotros.
Espace 53. Autoworld Museum
Tras entrar, descubrimos el vasto mundo que se abría a nuestros pies. Un mundo lleno de gente y sobre todo multirracial. El lugar de la fiesta estaba muy bien ambientado, la luz nos envolvía y los olores del lugar nos embriagaba. Se concentraban gente de multitud de nacionalidades, había italianos, cubanos, húngaros, fracnceses, entre otros y algún que otro belga que intentaba socializarse con el resto de culturas.
La fiesta comenzó bien. El lugar estaba repleto gente y todos ellos con ganas de bailar y sobre todo de conocerse y entablar una conversación distendida. Zato nos presento algunos de sus amigos además de encontrarnos con otro conjunto de españoles y alguna que otra italiana que ya iba contentilla y se metía en medio de alguna que otra foto. Nos pedimos unas cuantas copas en la parte inferior. Mientras estábamos hablando relajadamente, una persona que estaba al lado, me tiró un vaso de vino sobre la sudadera blanca que me habían regalado. El autor de los hechos pidio disculpas y la situación no fue a más.
La noche proseguía a buen ritmo, la bebida empezaba a hacer mella en la vejiga asi que decidimos algunos que era el momento de ir al baño. A la vuelta, nos encontramos con un par de chicas, una Húngara y otra Cubana ( era hora de emplear mi magnifico curso de inglés realizado este año para intentar entender a gente de otras culturas), entre Rulo y yo estuvimos explicándole nuestra experiencia sufrida en Kèleti que es la estación de trenes más importante de Budapest y sus alrededores, después se me ocurrio hablar con la cubana en inglés, es entonces cuando me empece a encontrar un poco aturdido debido al alcohol y decidí salir fuera en busca del resto del grupo ya que mi capacidad de comunicación estaba mermando considerablemente. Luego me enteré de que la lucha por ligarse la cubana entre Poles y Tapia fue entretenida.
Se comenzó a mascar la tragedia
Al parecer, me equivoque de camino. En vez de utilizar un camino frío, oscuro y repleto de gente, decidí tomar el que era calido, vacío y lleno de luz. Error. Cuando me percate, decidí volver hacia la encrucijada que deje atrás pero aparecieron un par de porteros que decidieron capturarme y reducirme. Parece ser que confundir el camino desde el baño hasta el resto del grupo con una barra es una gran ofensa en esos países. Me hicieron una llave y me colocaron el brazo por detrás, de esta manera, comenzaron a sacarme fuera del local. Yo decidí primero intentar soltarme, el esfuerzo fue en balde. El dolor en el hombro que me había dislocado antaño era extremo (me acorde de toda la familia y allegados raciales del que me lo hizo). Después, intente hablar en inglés con el mostrenco pero mi estado de embriaguez me impedía articular palabra, así que cedí y me sacaron a la noche fría y austera.